De moda a modo verde

Abro los ojos en medio de la luz que entra por la ventana, imaginen ¿qué? Veo a unos pajaritos que me saludan con sus dulces cantos. Ya de pie, luego de realizar la acostumbradas asanas me dirijo al baño. Tomo mi vaso de agua me cepillo y al sentarme en el peepoo recuerdo aquella película de Tirar de la cadena que vi hace unos años en un festival verde. Definitivamente hemos superado esa forma de vida, pensé. A modo de ironía y comicidad aquellas imágenes llegaban a mi mente hablaban de una obstinación individualista por disfrutar la muerte del otro a expensas de un placer. La cadena, un arma letal para los peces, era la voz de mando en cualquier espacio público y privado. Desde chicos nos acostumbrábamos a ello y si no obedecíamos los mandatos éramos sancionados. No teníamos culpa de los extravíos e ignorancias de aquellos sujetos que a todo lo arrojado en la cesta lo denominaban basura. La publicidad alardeaba de las bolsas y en esas imágenes de bolsas plásticas ahogamos a muchos. Todo salía en bolsa y llegaba en bolsas. La comida, vestidos, carteras, pasta de dientes, anteojos… el amor. De los 365 días del año solo un día es para el amor, lo mismo se aplicaba para la tierra, el agua… Si ese día único no veías una bolsa, ¿qué creen? No sucedía nada. Todo fluía a partir del contenido y de la forma. Envolturas y máscaras de la feroz cultura del consumismo. Por suerte hemos decidido combatir el consumo y la estupidez que lo rodea desde la simplicidad de los actos humanos. Simplicidad en el comer, vestir, andar en las calles. Y en, finalmente desplazar el petróleo, por otras fuentes de energía. Una lucha aguerrida de años.

¡Qué ensueño! Al modo de relatos enlazados he terminado por bañarme con el rociador. Toc, toc, toc me llaman. Seguramente es mi vecino José. – Espérate un poco, ya salgo. -Amiga, ya tenemos la cesta con frutas y cereales solo falta que busques tu bici, te esperamos en la plaza para desayunar.- Okey, ya los busco.

Ahora, las plazas son espacios para el desayuno. Allí acudo para reunirme a las 8:00 am con el grupo de bicis de la zona. Hoy, a planificar las jornadas semanales. Ya somos unos 360, entre maestros, abogados, políticos, artistas, ingenieros, arquitectos, mamás con sus bebés, abuelas… Ah, pero solo desayunamos quienes entramos a los trabajos a las 9:00 am. Como somos más bicis en las calles no andamos estresados como en otros tiempos cuando las cornetas jugaban con nuestros tímpanos, el humo consumía los pulmones… Niños y niñas disfrutan de una movilidad desde los vientres. El aire está más limpio. Además de huertos horizontales por doquier. Consumir hortalizas, verduras y frutas es muy común. Los cadáveres de pollo y res despertaron en un momento acciones de rechazo y protesta hasta convertirse en algo más que un boicot de los compradores.

Tomo mi bici, comprada hace un tiempo. Una herencia familiar que comenzó con mi abuela profesora y ha permanecido en el tiempo por más de tres generaciones. Su amor por la idea de este transporte era algo futurista. Ella pensaba cambiar la educación con legiones de jóvenes conquistando los lugares apartados llevando cultura y saber. Aunque no logró verlo, ahora puedo decir que yo sí… Los estacionamientos de bicicletas se han multiplicado por todo el país. Es más fácil adquirirlas y guardarlas. Más que una cuestión de espacio y urbanidad es una decisión política.

¡Namasté! Aquí les traigo jugo de pepino para brindar por todos. Um qué belleza de colores y sabores.

Día Mundial del Medio Ambiente http://unep.org/wed y https://festiverdvenezuela.wordpress.com/festiverd-2015/convocatoria-2015/

Claritza Peña

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